En el marco de la celebración del Día del Almacenero, los móviles de Radio La Bomba recorrieron distintos barrios de la provincia para conocer las historias de quienes sostienen, día a día, los almacenes de barrio. En San Cayetano, Mariano y sus hermanos llevan adelante un emprendimiento familiar que crece a fuerza de carisma y cercanía. En Villa Mercedes, Judith una almacenera con 41 años de trayectoria sigue al frente de su negocio con la misma pasión del primer día.
Cada 16 de septiembre se celebra en toda la República Argentina el Día del Almacenero, una jornada para homenajear a los tradicionales comerciantes de los barrios, esos que conocen a sus clientes por su nombre, que resuelven imprevistos y que se han convertido en un pilar de la vida comunitaria. Los móviles de Radio La Bomba salieron a la calle para retratar esa realidad: Iván López entrevistó a Mariano en el barrio San Cayetano de la ciudad de San Luis, mientras que Nacho Olmedo hizo lo propio en Villa Mercedes.
“El Almacén”: un emprendimiento entre hermanos en San Cayetano

En la esquina de Ministro Berondo y Paso del Rey, en el barrio San Cayetano, funciona “El Almacén”, un negocio familiar que Mariano lleva adelante junto a sus hermanos. “Estoy con mi hermana. Acá estamos hace cinco meses. Esto empezó más o menos hace tres años, mi hermano más grande empezó con esto, nosotros lo ayudamos y bueno, eso. Nos mudamos hace 5 meses acá donde estamos ahora y nos va bien, por lo menos tranqui”, contó Mariano.
El emprendimiento nació con una clara intención familiar: dar una mano a los hermanos más chicos. “La idea fue de mi hermano más grande para ayudar un poco a mis hermanos más chicos. Yo me vine hace poco a vivir acá, pero los que trabajaban eran mis tres hermanos más chicos. Entonces fue como darles una mano a ellos y todo, entre todos”, relató.
Sobre la relación con la clientela, Mariano destacó el vínculo que se genera en el barrio. “Nos llevamos bien. Es un barrio de gente grande, pero bien, nos llevamos re bien”, afirmó. En cuanto a los horarios, explicó: “Nosotros abrimos a las 9 de la mañana y estamos hasta las 3 de la tarde, y cerramos y abrimos a las 5 de la tarde hasta las 11 de la noche. Atienden dos hermanos, somos cuatro, dos a la mañana y dos a la tarde”.
Consultado sobre la convivencia laboral entre hermanos, reconoció que no siempre es sencilla, pero que prima el entendimiento. “Siempre tenemos nuestras cosas, pero nos llevamos bien también, la verdad que sí”, dijo. Y sobre el espacio físico, que no es grande, remarcó: “Hemos intentado acomodarlo como pudimos, le metimos lo más que pudimos”.
Para Mariano, la clave del buen almacenero está en el trato con la gente. “El carisma, la buena onda, eso yo creo que es clave, porque así vas haciendo esas relaciones, ese vínculo. Eso es lo que siempre charlamos entre mis hermanos. Es clave la buena onda”, sostuvo. En ese sentido, agregó: “En la atención al cliente siempre hay que estar de buen humor. Por ahí capaz que uno no tiene un buen día, pero siempre hay que estar con la buena cara para el cliente”.
La mudanza desde su ubicación anterior, a tres cuadras, generó incertidumbre, pero el resultado fue positivo. “Teníamos miedo, dudas de cómo nos iba a ir, pero la clientela que teníamos allá se nos vino toda acá, así que estamos contentos”, contó. Incluso, la venta mejoró un poco tras el cambio de local.
La historia familiar tiene raíces en otro lugar: “Nosotros realmente somos una familia de Quines, somos todos. Nos fuimos viniendo de a uno a estudiar, así se fueron quedando acá y ahora ya estamos todos acá”.
41 años de vocación: la historia de una almacenera de Villa Mercedes
En Villa Mercedes, Nacho Olmedo dialogó con una almacenera que lleva 41 años en el rubro y que vive su día con la misma energía de siempre. “Agradezco a todos, a todos los clientes, amigos, preventistas, proveedores en general. Soy una agradecida de la vida. Hace 41 años que estoy en esto y amo lo que hago y lo hago de lo mejor que puedo”, expresó.
La vocación de servicio es su marca distintiva. “Si no lo tengo, lo fabrico. Lo elaboro y trato de solucionar el problema siempre a todos los clientes”, afirmó. Incluso en tiempos de furor por las figuritas, se mantuvo al frente: “He estado con las figuritas a full también, cobrando el precio que corresponde, siempre a 2.000 el paquete, 15 el álbum, y abasteciendo a todos los que puedo y ayudándoles también a completar su álbum”.
Su compañero inseparable es León, un perro que la acompaña en la rutina diaria. “Es mi compañero de rutina, el secretario oficial que acompaña a su vez a los clientes al lugar que corresponde y vuelve”, contó con simpatía.
Sobre su presencia constante en el negocio, aseguró: “Estoy todos los días, de lunes a lunes, gracias a Dios, brindando todo lo que puedo y tratando de siempre estar al servicio del cliente”. Y sobre la jornada especial, reflexionó: “Es un día más con mucha energía, como siempre. Yo tengo día del canillita también, que lo festejo igual trabajando, mi cumpleaños lo festejo trabajando y siempre trabajando, gracias a Dios”.
Antes de despedirse, agradeció el espacio: “Muchísimas gracias por la presencia. Siempre yo los escucho a ustedes con atención porque siempre me informo en cosas que me interesan muchísimo. Que sigan así también ustedes”.
Un homenaje a los almaceneros de barrio
En un contexto donde los grandes supermercados y las compras digitales ganan terreno, los almacenes de barrio siguen ocupando un lugar central en la vida cotidiana de los vecinos. El carisma, la cercanía y la capacidad de resolver problemas son valores que, como muestran las historias de Mariano y de la almacenera de Villa Mercedes, se transmiten de generación en generación y se sostienen con esfuerzo, trabajo y amor por lo que se hace.